martes, 2 de diciembre de 2014

UNA GRAN BENDICIÓN, LA HERENCIA DE JEHOVÁ

Los hijos son un regalo del Señor; son una recompensa de su parte. Salmos 127:3 (NTV)


En mis casi 30 años de vida he recibido de parte de Dios muchas bendiciones, muy especiales bendiciones. He podido ver la mano de Dios a través de amigos, mis padres, mis pastores, en el ministerio he podido ver gente recibiendo sanidad, niños, adultos y ancianos recibiendo a Jesús en sus vidas. He presenciado cómo Dios hace milagros sorprendentes, pero esas bendiciones no se comparan a la bendición que Dios me dio a los cortos 18 años de vida.

Cuando cumplía los 18 años y no dejaba de ser hijo, me convertí en padre de un pequeño de 3.100 Kg y 51 cmt. Ojos grandes como las uvas y una boca pequeña cómo un punto; ése era mi gran bendición. Ese pequeño, no imaginaría cómo cambiaría mi vida con su presencia. Ahora que estoy por cumplir 30 años en unos días, puedo ver lo maravillosos que han sido mis días y lo bendecido que me siento por tal bendición.

Cómo todo padre joven tuve que sacrificar algunas cosas para darme por completo a mi herencia. Pero cada cosa que sacrificaba definitivamente era y aún es muy gratificante, ya que veo en esa pequeña vida los frutos de mi esfuerzo. Su carácter firme y convencido de que Dios tiene algo para él, es un deleite para mi.

Cada día al anochecer me gusta verlo durmiendo aunque se a por un momento y al contemplarlo recostado sobre su cama, me recuerdo al pequeñito que tuve en brazos, por el cual hago y haría cualquier cosa por verlo feliz.

Reconozco que ser un padre jóven no ha sido fácil y mucho más cuidar de un pequeño sólo, pero no tan sólo ya que tuve a mi madre algunos años apoyándome en su crianza. Pero la mayoría de los años que llevo con él, he tenido que desempeñar dos roles y no es fácil. Los primeros años me pasaron cosas extrañas... Primero al año y medio una noche durmiendo juntos, mi pequeño creyó que podía lactar de mi pecho, el cual dejó con marcas moradas. Pero lo malo no me ocurrió a mi, sino a él que no halló leche. Y si eso les parece curioso, una noche cuando trabajaba en mi moto taxi (realicé muchos oficios uno de ellos fue éste, el conducir moto taxi, esas que son de la marca Torito Bajaj), mi pequeño que dormía en la parte trasera donde lo recostaba, despertó intempestivamente tocando el hombro del pasajero que gritó desesperada creyendo que era un fantasma o ser del más allá, ya que no se percato del pequeño atrás del asiento. Actualmente cuando lo recuerdo o lo cuento cómo anécdota me parece muy gracioso,  de seguro lo imaginaste y también te reíste.

Han sido muchas las cosas difíciles que hemos pasado, pero no hay satisfacción más grande que verlo crecer siendo un jovencito temeroso de Dios.

Hoy vienen muchos recuerdos a mi mente, recuerdos nostálgicos de días sin dormir, pero a la vez recuerdos de momentos muy felices...

 Gracias Dios por el privilegio de poder ser Padre y disfrutar de las bendiciones que vienen con ella... 
Te amo Pequeño!
Te amo Dios.




No hay comentarios:

Publicar un comentario