miércoles, 6 de mayo de 2015

AYER ME VISITÓ JESÚS

Ayer me visitó Jesús y hablamos largamente y de todo. Conversamos en mi casa y en el Parque, y luego quise mostrarle mi lugar de reflexión y soledad. Finalmente, fuimos a comer algo. Dejé que el pidiera algo para picar. Me parece que hizo trampa porque pidió, justamente, mis favoritos: "Cajun Sandwich y frozen de maracuya para beber".

El tiempo en ese pequeño restaurante fue un relax para mí, aunque algunos de los temas que tratamos fueron muy duros y difíciles. Pero me hizo reír muchísimo, contándome chistes y haciéndome bromas. Cuando nos despedimos me sentí muy liberado, descargado de tensiones; mis ojos estaban claros y mi corazón parecía tener alas. Fue un tiempo maravilloso. Ahora me anima lo que me dijo: ¡Que regresaría pronto!

Estaba en mi casa solo. Mi hijo había salido a jugar con sus amigos. Usualmente me agrada la soledad, pero esa tarde era distinto, no se si por el cansancio, por la confusión o por la frustración; tal vez por las tres cosas juntas.

Había estado preparando algunos temas, que respondían a dos preguntas difíciles: ¿Como es Cristo? y ¿Como deben ser los Cristianos? Mis respuestas terminaron inquietándome más de la cuenta. Primero por las conclusiones a la que estaba arribando, luego porque me hicieron sentir una urgencia por Jesús. Sentí que lo extrañaba, que lo necesitaba en demasía. Quería Tenerlo cerca para poderle hacer las mismas preguntas y para tener mejores respuestas. Me parecía que era necesario conocer sus argumentos, su razón, su explicación. quería preguntarle: ¿Como eres? ¿Como quieres que sea yo? Quería oír de sus propios labios las respuestas acerca de mi vida, de mi familia, de la iglesia, del mundo. ¡Era urgente que viera a JESÚS! Le necesitaba para preguntarle y oírle.

Entonces, tocaron la puerta, pero de una manera diferente. Vi en el umbral, una sombra singular. Corrí, pensando que era ÉL. ¡Como me golpeaba en el pecho el corazón! ¡Era ÉL! ¡Era JESÚS!

La majestad de su presencia me turbó un poco, pero la ternura de su mirada y la calidez de su voz me hicieron serenarme.

- Hola Daniel - dijo - ¡He venido a verte!
Muy emocionado respondí. - ¡Bienvenido JESÚS! ¡como quería que vinieras!

Le iba a extender la mano, pero ÉL se inclinó para abrazarme. Le respondí extendiéndole mis brazos y me acerqué a su corazón. ¿Que sentí en ese momento? Algo así como el abrazo de mi madre cuando era niño o el abrazo de un amigo entrañable.

- Pasa por favor - Le dije.
- Gracias - Respondió - sonriéndome con su mirada tierna.

Le invité a tomar asiento en el mueble, pero, me dijo que prefería tomar asiento en la mesa, junto al calor de la cocina y al aromático olor de lo que iba preparando. Me encantó su sencillez y la familiaridad con que me trataba. Entonces, reparé que ya estaba terminada la comida, le serví y luego comimos juntos los alimentos.

- Señor - le dije- Estoy encantado de que hayas venido. ¡Tengo tantas preguntas!
- Sí. - Respondió - Tenemos que hablar, porque yo también tengo cosas que decirte.

Su total disposición corto el recelo que sentía. Empecé a sentirme libre, confiado. Era el Jesús que amé desde siempre, pero sin el ropaje de las tradiciones de la iglesia; más aún, sin las ideas que sobre ÉL me había hecho en las tantas veces que compartí de Él o las veces en que me compartieron. era el Jesús puro de los evangelios, sin ornamento, sin prejuicios.

- Me gustaría hablarte de mí. - Le dije.
- Estaré encantado de escucharte - Dijo.

Entonces le abrí mi corazón. Pensé que era el momento de hablarle de esos anhelos profundos que, a la vez implicaban frustraciones constantes. Quise hablarle de mis luchas y fracasos y le exprese aquellas cosas que usualmente no suelto con facilidad. Le hable desde adentro.

- Señor te amo. Durante todos estos años que te conozco tú haz sido mi tesoro, mi bien, el amor de mi vida. Te he buscado y he querido conocerte para ser más y más como Tú. He anhelado y deseado honrarte, servirte, vivir para Ti.

- Lo se - Dijo - y...

- Perdóname, Señor - Lo interrumpí -, pero a veces me parece que no avanzo o que lo hago muy despacio. Muchas veces percibo fuertemente mi naturaleza de pecado, que si no fuera porque eres bueno, moriría de angustia al pensar que no he logrado ni siquiera una sonrisa de satisfacción tuya por mi conducta.

JESÚS, mirándome fijamente, se acomodo en su silla y poniendo una mano sobre mi rodilla me dijo, con una sonrisa de lo mas extraordinaria que haya visto en mi vida.

- ¿Has pensado que no se como eres? ¿Crees que desconozco tus flaquezas y limitaciones? Yo sé quien eres, y conozco tus luchas y frustraciones. Yo se lo que puees y no puedes hacer...

- JESÚS, quiero agradarte - insistí -, pero tienes que ayudarme, no quiero vivir solo buenas ideas y lindas intenciones.

- Tu deseo me complace - dijo el Señor, mientas sorbía un poco de té


Me sorprendió que se agradara de mis palabras e intenciones. Entonces le expresé una de mis grandes frustraciones.

- Señor, - le dije - cuando leo de la complacencia que el DIOS PADRE tenía en ti, siento dolor al pensar en mí, en que es imposible que yo le agrade.

- ¿Has leído con cuidado? - Preguntó.

- Bueno, Señor - dije un poco inseguro - Este...

- ¿Has considerado las primeras palabras? ¿No has notado que antes de hablar de complacencia dice: "Este es mi hijo amado"?.

Allí procedió a explicarme, que el Padre complace porque ama. Es en su amor por sus hijos que se goza y deleita.

JESÚS me explicó, que la complacencia en sus hijos y su satisfacción por ellos no son, fundamentalmente, por las buenas obras que estos hagan, sino porque los ama. Dijo que así como una madre se deleita en su bebé, sin que reciba el más mínimo beneficio de él, tan solo porque lo ama, así, y aún más se deleita DIOS.

- Tú sabes esto - aseveró -.

- Si Señor - respondí -.

- Pero también debes experimentarlo. No basta que lo sepas, también debes sentirlo en tu corazón, debe arder en tu alma. Esto es fundamental para ti. Si tú no vives el amor del Padre, no tendrás una base firme para edificar tú fe. La obediencia expresará y dinamizará tu fe.

Yo estaba atónito con las palabras de JESÚS. Su sentido interés por mí y la firmeza y ternura de su voz llenaban mi corazón.

- DIOS te ama y se agrada de ti - continuó -. ÉL se complace en tus esfuerzos e intentos, en tus realizaciones. No espera que llegues a la perfección para que recién allí se complazca en ti. ÉL se goza en tus logros de hoy, aunque sean pequeños; solo espera que avances.

Las palabras de JESÚS trajeron a mi corazón mucho ánimo y gran consuelo. Estaba experimentando en mi alma la ternura de un Padre, el amor de un entrañable amigo y la comprensión de un maravilloso maestro. Entonces, me levanté y lo abracé, pero no pude evitar las lágrimas que venían incontenibles. Me apreté nuevamente a su corazón y lloré.

martes, 5 de mayo de 2015

CARTA A MI PRECIOSO HIJO


A mi amado hijo Salomón:

Quiero que sepas que, antes que nacieras, oré por ti. En mi corazón yo sabía que serías un pequeño ángel. Y lo eres. Cuando naciste, un segundo domingo de mayo (el día de las Madres), fue evidente que eras un regalo especial enviado por Dios. ¡Pero, qué regalo más maravilloso has llegado a ser! tus hermosos balbuceos, el gozo indecible de que fueras mi primogénito y mas que ninguna otra cosa en toda la creación, me mostraste el amor de Dios.


Mi rey, tú me enseñaste a amar y lo que es el amor incondicional. Por supuesto, que te ame cuando eras muy pequeño y delicado, cuando de pequeño ibas balbuceando tus primeras palabras.

Y, desde luego, siempre oro por ti incesantemente. Te amé cuando cada madrugada me levantabas con tu llanto y en sólo horas tenía que salir para el trabajo.
Te amé, cuando dormías en mi pecho, estando ambos recortados en sofá de la habitación. Te amé, cuando tuve que aprender a cambiar los pañales, cuando con dificultad podía hacerte dormir, luego de mas de 2 horas de biberón.

Te ame cuando no entendíamos aquellas sílabas que tu tenías de vocabulario y mas aún cuando hablabas sin parar; y cuando tropezón a tropezón aprendías a caminar.

Te amé cuando Dios estaba de nuestro lado y, cuando él parecía estar muy lejos de nosotros. Cuando estaba lleno de fe y cuando estaba enojado con El.

Y la razón por la que te amé y te amo, mi Rey Salomón, a pesar de todas las dificultades que afrontamos, es porque Dios me mostró su gracia, favor y amor a través de tu vida.
Mi querido hijo, ¡ahora estás todo un jovencito! Te pido que no olvides todo lo que Dios hizo por nosotros, todo aquello que hemos atravesado juntos y lo que nos falta por recorrer, será maravilloso (lo sé porque Dios así nos ha prometido).

Naciste con un propósito. Y Quiero que sepas que te amé mucho antes que nacieras, cuando de pequeño pensé en tu nombre, luego de la lectura de la biblia junto con nuestra mamita.

Eres precioso, eres mi tesoro... Mi Rey, no olvides que te amé, te amo y te amaré.

Gracias Dios por éste regalo tan maravilloso.

martes, 31 de marzo de 2015

CUANDO DIOS TE LLAMA

No sé si te ha pasado pero, hay ocasiones que nos auto criticamos y llegamos a la conclusión que no somos lo suficientemente buenos como para merecer ser usados por Dios. Muchas veces nos auto excluimos de los planes de Dios sin darnos cuenta que Dios no nos buscó para desecharnos, sino para hacer de nosotros algo que nuestra mente nunca pudo imaginar.

Un día, Jesús predicaba a la orilla del mar de Galilea y grandes multitudes estaban atentos a sus palabras, sin embargo Jesús tenía planeado mostrarle algo maravilloso a uno de los que llegarían a ser punta de lanza cuando el faltara, hablo de Pedro, aquel hombre pescador de profesión pero para el cual Dios tenía otros planes.

Jesús ve la barca de Pedro y le pide poder subir; al subir el mismo Señor le pide a Pedro que empujara la barca hacia dentro del agua, para hablar desde allí a la multitud. Luego ocurrió lo siguiente: “Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Ahora ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar. —Maestro —respondió Simón—, hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente.” Lucas 5:4-5 (NTV). Vemos al Señor pedirle a Pedro que hiciera algo que ya había hecho el pescador de profesión, pero tratando de obedecer a su palabra lo intentó nuevamente.

A veces vamos por la vida creyendo que ya hicimos todo para tratar de solucionar cierto problema, pero en ocasiones nos olvidamos que la última palabra la tiene el Señor y por muy ilógico que parezcan sus mandatos a veces, la mejor respuesta la podemos encontrar obedeciendo su palabra.

Pedro obedeció y el resultado fue el siguiente: “Y esta vez las redes se llenaron de tantos peces ¡que comenzaron a romperse! Un grito de auxilio atrajo a los compañeros de la otra barca, y pronto las dos barcas estaban llenas de peces y a punto de hundirse.” Lucas 5:6-7(NTV). No podía haber otra mejor respuesta que ver con los propios ojos los resultados de obedecer el mandato de Dios. Lo que no habían podido hacer durante toda la noche pescadores profesionales, fue hecho a través del mandato del Señor. No olvides que el poder de Dios es ilimitado, y aquello que para nosotros parece imposible, para Dios es posible si así Él lo quiere.

¿Quién dijo que Dios vino a buscar a los buenos?, ¿Quién dijo que Dios vino a buscar a los capacitados?, Dios no vino a buscar a los que se creen buenos, Él vino a buscar a los pecadores al arrepentimiento para hacer de nosotros lo que él tenía planeado, para avergonzar a lo sabio de este mundo (1 Corintios 1:27) y demostrar que lo único que Dios necesita para utilizar a alguien es un corazón contrito y humillado. Así es que cuando Dios te vio lo hizo con ojos de amor, vio en ti una capacidad especial para realizar el trabajo que Él te ha de encomendar, no vio en ti los errores que tenias o que tendrías, sino más bien vio en ti un corazón humilde y sincero, capaz de reconocer sus errores y de dejarse guiar por su voz. Es hora de entender que cuando Dios quiere usarte no lo hará por lo bueno que eres, pues Dios no usa lo perfecto sino lo imperfecto para llevarlo progresivamente a una perfección que concluirá el día en que Él regrese por nosotros.

Si Dios te busca, es porque eres el indicado para ese trabajo que Él te va encomendar. Dios nunca se equivoca cuando llama a alguien, Él nunca vacila sobre lo que tiene para ti y ha de cumplir contigo lo que un día se propuso.

Dios llamó a Pedro para hacerlo pescador de hombres y Pedro llego a ser ese pescador de hombres por el cual muchos se salvaron a través de sus predicaciones (Hechos 2:40-41). Lo que un día Dios decidió para Pedro se cumplió, no porque Pedro fuera perfecto porque a través de su vida podemos ver los muchos errores que cometió, pero sí porque Dios en su infinita misericordia escoge lo imperfecto para perfeccionarlo y usarlo en gran manera.

Al igual que a Pedro, Dios te ha buscado a ti, te llamo, te perdono, te restauro y está cada día perfeccionando la obra en ti. Nunca sientas que no eres lo suficientemente bueno como para realizar la tarea que Dios te encomendó, porque Dios nunca se equivoca al llamarte y encomendarte cierto trabajo. Dios vio más allá de lo que tus ojos humanos ven y se dio cuenta que eres un arma poderosa en sus manos, lo único que tienes que hacer es creer y dejarte usar por Él.